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Miremos nuestro espejo

Llovía fuerte y era de noche cuando a una señora que viajaba en coche se le pinchó éste en la carretera.

Otro vehículo conducido por Juan que al ver parado un coche en la carretera y con la noche que hacía detuvo su automóvil acercándose a prestar ayuda. El coche de la señora olía a nuevo. La señora pensó que pudiera ser un asaltante, no inspirándole confianza, parecía pobre y hambriento.

Juan percibió que la señora tenía miedo y le dijo: “Estoy aquí para ayudarla señora, no se preocupe. ¿Por qué no espera en el coche que está más calentito? A propósito, mi nombre es Juan.”

Bueno, lo que pasaba es que tenía una rueda pinchada y para colmo era una señora de edad avanzada. Juan se agachó, colocó el gato mecánico y levantó el coche. Luego ya cambiada la rueda quedó un poco  sucio y con una herida en una de las manos.

Cuando trataba apretar las tuercas de la rueda ella abrió la ventanilla y comenzó a conversar con él. Le contó que no era del lugar, que sólo estaba de paso por aquél sitio y que no sabía cómo agradecer por la preciosa ayuda. Juan apenas sonrió mientras se levantaba.

Ella preguntó cuánto le debía por su trabajo. Ya había imaginado lo de cosas terribles que podían haber pasado si Juan no hubiera aparecido por aquél lugar para socorrerla. Juan no pensaba en dinero, le gustaba ayudar a las personas y aún más a las de avanzada edad.

Este era su modo de vivir. Y respondió: Si realmente quisiera pagarme señora la próxima vez que encuentre a alguien que precise de su ayuda déle a esa persona la ayuda que ella necesite y acuérdese de mí.

Algunos kilómetros después, la señora se detuvo en un pequeño restaurante. La camarera vino hacia ella y le llevó una toalla limpia para que secara su mojado cabello dirigiéndole una dulce sonrisa.

La señora notó que la camarera estaba con  casi  ocho meses de embarazo, pero por ello no dejó que la tensión y los dolores le cambiaran su actitud.

La señora, quedó curiosa en saber cómo alguien que teniendo tan poco, podía tratar tan bien a un extraño. Entonces se acordó de Juan. Después que terminó su comida, y mientras la camarera buscaba cambio para darle la vuelta de la consumición, la señora se marchó.

Cuando la camarera regresó quiso saber dónde pudo haber ido, notando algo escrito en la servilleta, sobre la que tenía cuatro billetes de 500 euros.

Le cayeron las lágrimas de sus ojos cuando leyó lo que aquella señora escribió, y que decía: Tú no me debes nada, yo tengo bastante. Alguien me ayudó esta noche y de la misma forma te estoy ayudando”. Si tú realmente quisieras reembolsarme este dinero, no dejes que este circulo de amor termine contigo, ayuda a alguien.

Aquella noche, cuando fue a casa, cansada, se acostó en la cama: su marido ya estaba durmiendo y ella quedó pensando en el dinero y en lo que la señora dejó escrito.

¿Cómo pudo esta señora saber cuánto ella y el marido precisaban de aquel dinero?
Con el bebé que estaba por nacer el próximo mes, todo estaba difícil…

Quedó pensando en la bendición que había recibido, y dibujó una gran sonrisa.

Agradeció a Dios y se volvió hacia su preocupado marido que dormía a su lado, le dio un beso suave y susurró: “¡Todo estará bien: te amo Juan!

No te contagies de la falta de amabilidad que nos rodea. No dejes de hacer bien, ayuda a todo el que te necesite.

LA VIDA ES ASÍ…UN ESPEJO…TODO LO QUE TÚ DAS ¡VUELVE A TI ¡ SÉ TÚ TAMBIÉN UN ESPEJO DE AMOR PARA LOS DEMÁS…Y TENDRÁS MUCHA FELICIDAD.

102 respuestas a «Miremos nuestro espejo»

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